La Semana Internacional del Compostaje (del 3 al 9 de mayo) es una de esas fechas que, aunque pase desapercibida en el calendario de muchos, en el Jardín Encantado del colegio se vive con las manos en la tierra, la cabeza llena de ideas y el corazón bastante cerca de la naturaleza.
Durante estos días, el compostaje se convierte en el gran protagonista. No solo como una técnica para transformar restos orgánicos en abono, sino como una forma de entender el mundo: todo lo que parece “residuo” puede tener una segunda vida. En el colegio, los cubos de restos vegetales, las hojas secas y los pequeños residuos del recreo se convierten en material valioso que alimenta el propio jardín. Se observa, se remueve, se huele, se espera. Y en ese proceso, el alumnado descubre algo importante: la naturaleza no desperdicia nada.
Pero el Jardín Encantado no se limita a una semana. Es un proyecto vivo durante todo el año. En primavera se siembra, en verano se observa el crecimiento, en otoño se recoge y en invierno se cuida y se prepara el suelo para empezar de nuevo. El compostaje, en este ciclo, actúa como un hilo invisible que conecta todas las estaciones.
Uno de los elementos más especiales del proyecto son los cortometrajes. A través de pequeñas piezas audiovisuales, el alumnado documenta el día a día del jardín: el cuidado de las plantas, la evolución del compost, las visitas de animales inesperados o incluso las reflexiones sobre lo aprendido. Estos vídeos no solo sirven para contar lo que ocurre, sino también para mirar el proceso con otros ojos, como si el propio jardín pudiera hablar.
El cuidado diario es otra pieza clave. Regar, observar plagas, limpiar, sembrar o simplemente mirar cómo cambia el espacio con el paso del tiempo forma parte de una rutina que enseña paciencia y responsabilidad. Aquí no hay resultados inmediatos, y eso también educa.
Además, el Jardín Encantado tiene un valor intergeneracional muy potente. Familias, profesorado, personal del centro e incluso personas mayores del entorno participan en diferentes momentos del año. Esta convivencia entre generaciones en torno a la tierra crea conversaciones que van más allá de lo académico: se comparten recuerdos, técnicas de cultivo, recetas, experiencias de vida y maneras distintas de relacionarse con la naturaleza.
Toda esta filosofía se recoge y se comparte también en espacios digitales que ayudan a dar visibilidad al proyecto, como este tablero colaborativo: Un jardín encantado.
En definitiva, la Semana Internacional del Compostaje en el Jardín Encantado no es solo una celebración puntual, sino una excusa perfecta para recordar algo que ya se practica cada día: que la educación ambiental no se explica únicamente en los libros, sino que se vive, se toca, se escucha… y se composta.


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